Dylocke no nació de una leyenda polvorienta de un taller europeo, ni tampoco lleva el halo de una familia relojera centenaria con generaciones de tradición. Su origen radica en una resonancia nocturna entre un grupo de jóvenes ingenieros y diseñadores chinos bajo el resplandor neón de la ciudad. A medida que el ritmo de la vida urbana se acelera implacablemente por los engranajes giratorios de una sociedad en rápido movimiento, y a medida que los corazones de las personas se ven constantemente arrastrados por la ansiedad ante el futuro y los remordimientos del pasado, el deslizamiento apresurado de los dedos sobre las pantallas ha sustituido la calma de una vida consciente. Los momentos preciosos escondidos en lo cotidiano se escapan silenciosamente en la abrumadora marea de la «prisa».
Es esta aguda percepción del estado de nuestra época y una profunda devoción por el «valor del presente» lo que ha reunido a estos creadores afines. Decidieron romper la noción arraigada de que «un reloj mide únicamente la velocidad» y crear un reloj para la nueva generación de creadores: uno que les permita desacelerar con tranquilidad, apreciar y anclar cada «momento» vital.
En el proceso de perfeccionar una y otra vez la esencia central de la marca, surgió el nombre «Dylocke», en el que cada letra encarna la aspiración original y el compromiso del equipo. «Di» significa «iluminar» e «iniciar»: simboliza la esperanza de la marca de utilizar relojes de precisión como medio para despertar en el usuario la percepción del momento presente y representa que, cada vez que alguien se pone un Dylocke, comienza un nuevo viaje centrado plenamente en el «instante». «Locke», derivado de la palabra inglesa «lock» (cerradura), significa «firmeza» y «eternidad». Representa el compromiso inquebrantable de la marca con la calidad y, además, encarna nuestra visión de ayudar a los usuarios a fijar para siempre cada instante digno de ser atesorado: ya sea un destello de inspiración creativa, un momento cálido con familiares y amigos o un paso decidido hacia adelante realizado en solitario, todos ellos son capturados suavemente por el reloj.
Comprendemos profundamente que cada persona que lleva un Dylocke tiene una historia única. Por ello, Dylocke nunca pretende definir esas historias; más bien, optamos por ser su fiel testigo y compañero. Desde la calibración precisa del movimiento hasta los intrincados detalles del exterior, cada pulido y refinamiento está adaptado al ritmo de vida y a los gustos estéticos de la nueva generación de creadores. Nuestros relojes resisten el escrutinio concentrado de las actividades creativas y se adaptan con naturalidad a las salidas cotidianas; conservan la calidez artesanal de los relojes mecánicos e integran la sofisticación minimalista del diseño moderno.
La historia de Dylocke no cuenta con una narrativa legendaria grandiosa, sino con una profunda reverencia por el «presente» y un sincero cuidado hacia quienes usan nuestras prendas. Porque creemos firmemente que la mejor historia de una marca nunca es un monólogo de la propia marca, sino un capítulo escrito por cada usuario con el paso del tiempo. Elegir Dylocke es abrazar la actitud vital de «ralentizar para saborear el momento», hacer que cada segundo transcurrido tenga sentido y aferrarse a cada instante precioso. Nuestra historia es, en definitiva, tu historia; el tiempo de Dylocke siempre se detiene para ti en el momento.